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  • David Doubilet o como ver lo mejor de ambos mundos

    David Doubilet o como ver lo mejor de ambos mundos

     «Mi deseo es crear imágenes que hagan que la gente piense, se enamore y proteja el océano»

    Aunque quizás no lo sepas, muchas de las más geniales fotografías submarinas que has visto han sido capturadas por la cámara de David Doubilet. Este 2022 se cumplen 50 años de la primera publicación de su primer trabajo para National Geographic y para celebrarlo es él quien nos da un regalo: su libro Dos Mundos-Entre el cielo y el mar (Phaidon), compuesto únicamente de imágenes que retratan al mismo tiempo la superficie y lo que hay debajo de ella.

    Curtido por más de 26.000 horas bajo el mar –sacamos la cuenta y son nada menos que 3 años-, Doubliet es uno de los más férreos defensores de la vida marina y hoy más que nunca centra su labor en educar y crear conciencia sobre la necesidad de defender uno de los ecosistemas más castigados por esa máquina de destrucción llamada ser humano.

    Un pescador y su hijo navegan en las plácidas aguas de la bahía de Kimbe, en Papua Nueva Guinea

    “Los océanos tienen problemas y dependiendo de cómo les vaya, así nos irá a nosotros”, advirtió el estadounidense, quien hizo su primera inmersión a los 9 años en las nada tropicales aguas de New Jersey.

     “Aquel día comprendí dos cosas: que podía existir en dos mundos a la vez y, también, desaparecer bajo el agua y dejar atrás el ruido”.

    Sin embargo, advierte que mucho ha cambiado en ese apacible y fascinante espacio.  “Cuando empecé a fotografiar el mundo submarino pensábamos que los mares eran infinitos e inabarcables. Sin embargo, los cambios medioambientales que se han ido produciendo, primero sutilmente y más tarde de manera catastrófica, han cambiado esa percepción”.   

    “Ahora me interesa documentar los cambios del mar, y para ello estoy nadando desde el ecuador hasta los polos. Los icebergs me hipnotizan porque representan la metáfora perfecta del mar: a simple vista, solo se puede observar una pequeña parte. El campo de icebergs de Groenlandia en la isla Roja en el fiordo de Scoresby Sund, es un lugar en el que las maravillosas esculturas de los icebergs delatan la terrible verdad del retroceso de los glaciares. Estoy interesado en ponerle una cara al cambio climático que nadie pueda ignorar”.

    Y cuando David dice nadie, es nadie, así que escucha tú también. “Los pequeños cambios son los que marcan la diferencia. Come productos del mar sostenibles. Recicla y minimiza los plásticos. Vuélvete un ciudadano-científico. Y reúnete con el océano. Concierta una cita con el mar”.

    Un grupo de pingüinos se reúne sobre una placa de hielo cerca de la isla Danko, en la Antártida

    Mejorando el enfoque  

    Las espectaculares imágenes que nos ofrece hoy son fruto de décadas de experiencia, desarrollo de técnicas y avances tecnológicos. Pero en sus inicios era otra la historia.

    “Mis primeras fotografías eran patéticas: fallos oscuros de colas de peces y pies humanos. Después comencé a usar una cámara Leica, anterior a la Segunda Guerra Mundial, con una carcasa de aluminio, y pasaba cada momento que podía disparando bajo el mar en Nueva Jersey o en las Bahamas. Creo que ahí saqué mi primera buena fotografía, mientras intentaba capturar a los submarinistas que estaban haciendo la descompresión en Small Hope Bay cuando tenía trece años”.

    Luego le tocó codearse con “la gente grande”, incluyendo su ídolo, Luis Marden, el fotógrafo y fiel acompañante del legendario Jacques Cousteau. Ambos serían sus mentores, junto a Hans Hass, otro pionero de la fotografía submarina.

    “Tomábamos imágenes con equipos antiguos. El campo de trabajo estaba abierto, ya que realmente era inexistente. Hacer fotografías bajo el agua en las décadas de 1950 y 1960 era muy frustrante. Podía ver con mis ojos grandes panorámicas, pero era incapaz de capturarlas. Además, las viejas carcasas para cámaras que usaba solo ofrecían dos opciones (enfoque o exposición), pero nunca ambas a la vez”, relata quien se ha sumergido en las aguas de más de 70 países.

    Una medusa melena de león se acerca sigilosa a la superficie en el parque nacional Gros Morne, Canada

    Todo cambió cuando en 1969 fue creada la OceanEye, una carcasa submarina con una cúpula acrílica que corregía la magnificación del agua. “Fue cuando empecé a fotografiar lo que había soñado”.

    Fue gracias a un error configurando una de sus cámaras que descubrió la que luego se convertiría en la técnica que lo haría más famoso: capturar simultáneamente lo que está arriba y lo que está abajo. Ahora, el padre de la técnica de los lentes separados une lo mejor de ambos mundos.    

    “Quiero crear una ventana al mar que invite a la gente a ver cómo su mundo se conecta con otro mundo que sustenta vida y que no pueden ver”.

    Las perlas de David

    •Para que tengas una idea de cuánto tiempo ha pasado bajo el agua, todas sus inmersiones suman 26.000 horas, nada más y nada menos que 1.089 días

    •Una foto suya de una anguila está viajando por el espacio a bordo de la sonda Voyager 1, la cual ya salió del sistema solar y está a 23.500 millones de kilómetros de la Tierra.

    •Con 75 artículos a su nombre, es el fotógrafo más publicado de la centenaria historia de National Geographic.   

    •Su primera cámara fue una Kodak, modelo Brownie Hawkeye, la cual no costaba más de $5 cuando salió en los años 40.

       

  • Love+Death+Robots: Una máquina de destrucción llamada ser humano

    Love+Death+Robots: Una máquina de destrucción llamada ser humano

    ¿Heredarán los robots la Tierra? Sí, pero serán nuestros hijos

    Marvin Minsky

    Antes de trabajar en inteligencia artificial, ¿por qué no hacemos algo sobre la estupidez natural?

    Steve Polyak

    Cuando te enteras que la antología de cortos animados que te vas a sentar a ver salió del cerebro del director de Deadpool y que su principal compinche en el proyecto es el director de El Club de la pelea, ya sabes que con Love+Death+Robots no te vas a encontrar con ningún apacible jardín de rosas.

    Con ustedes, Tim Miller y David Fincher, damas y caballeros. Para decirlo bonito, lo “políticamente correcto” o convencional no es el fuerte de ninguno de los dos. Ambos se conocen desde hace bastante tiempo y si bien tenían ya 12 años pensando en hacer animación juntos juntos -inspirados en Heavy Metal (1981)-, fue en 2018 cuando se pusieron manos a la obra para concretar este proyecto que estrenó el 20 de mayo su tercera temporada en Netflix.    

    Miller ya estaba partiéndola con cortos animados cuando dirigió Deadpool, así que no es extraño para él recurrir a ellos para crear esta serie que reúne estilos y enfoques tan diferentes para abordar historias que van desde profunda reflexión existencial, hasta violentos baños de sangre con artillería pesada.

    Lo mejor y lo peor de la naturaleza humana está magistralmente relatado en los 35 cortos que integran las tres temporadas, en las que podemos encontrar desde una apocalipsis zombie, futuros distópicos, batallas contra criaturas sobrenaturales, robots, ratas y vampiros, hasta filosofía e historias de amor cibernético.

    Cada corto tiene su propio estilo, cada uno de los 28 directores le imprimió su sello y trabajó con la técnica que mejor le pareció, lo cual nos regala un fascinante y variado espectáculo visual.

    “Creo que hay muchas más opciones creativas con la animación que en una live action. Con la animación puede haber tantos estilos diferentes. Si te gustan todas esas cosas diferentes, ¿por qué no tener una antología, para que puedas probar todas estas cosas diferentes sin estar encerrado en una cosa en particular”, explica Miller, quien en además de ser el productor, ha dirigido un episodio en cada temporada (Ice Age (2019), The Drowned Giant (2021) y Swarm (2022).

    “Me encanta que estemos haciendo una serie en la que es posible que veas a un oso cibernético destripando personas y después de algo como The Drowned Giant”, dijo Fincher, aludiendo al reflexivo corto dirigido por Miller y basado en el relato que publicó J.C. Ballard en 1964.

    Escoger las historias y los directores que las llevarían a cabo no fue una tarea fácil para Miller, quien adaptó el guión de varias de ellas.

    “He estado leyendo toda mi vida, así que tengo una lista muy larga de ideas a las que puedo recurrir y decir: ¡Oh! Lo resolvemos como lo resolvieron en esta historia o Es como este personaje de ese libro. Es muy útil para mí ser el tipo que puede elegir las historias. Es genial. También es un poco frustrante porque me gustaría hacerlas todas, pero de vez en cuando elijo historias como la de Emily (Dean, directora de The very pulse of the machine). Desearía haber dirigido su historia… Su historia, podría ser mi favorita. Lloro cada vez que la veo. Hizo un excelente trabajo. Amo a esta joven y la forma en que enfrentó la muerte. Es un momento muy poderoso”.

    Los cortos son de una calidad técnica impresionante. Es así desde la primera temporada. En este apartado, la tercera cierra con broche de oro con Jíbaro, de Alberto Mielgo. Pocos meses después de ganar el Oscar con El limpiaparabrisas, esta joya del español hace difícil descubrir si lo que vemos en pantalla es live action o una alucinante animación. El movimiento, las texturas y sombras son de otro nivel y es prácticamente un abuso. ¡Eso no se hace Alberto, por favor!

    Mentes trabajando

    Tengan claro algo: Miller y Fincher supieron rodearse de la crema de la animación para que Love, Death + Robots no pasara debajo de la mesa en ningún aspecto. Además de Mielgo, destaca la participación de Jennifer Yuh Nelson, quien además de dirigir Kung Fu Panda 2 y 3, tiene una larga trayectoria como supervisora de arte y ha estado involucrada en proyectos como Spawn y Cómo entrenar a tu dragón.

    También se unió al combo Patrick Osborne, uno de los animadores principales de Big Hero 6 y el talentosísimo Jerome Chen, quien en su CV puede presumir de ser el supervisor de efectos especiales de Godzilla, El asombroso Hombre Araña y El Escuadrón Suicida.     

    Nombres por aquí, fama por allá, pero aquí a nadie se le sube el ego a la cabeza. «Bueno, hay algunos a los que quieres golpear, como a Alberto, y a otros abrazar, como a Emily, pero no, es genial porque todos aportan su propio estilo. Creo que lo bueno de la forma en que establecimos la organización de los directores supervisores… Soy un productor ejecutivo. David también. Podemos entrar y ayudar de algún modo: si esta persona puede ser excelente en cinematografía, es posible que no sea excelente en lo que sea. Podemos ayudar donde la gente lo necesita».

    Fincher, quien hizo su debut en la animación en la tercera temporada dirigiendo Bad Traveling, le contó al New York Times que cuando él y Tim empezaron con el proyecto, quisieron incluir a varios pesos pesados de la industria, pero no basta con que se entusiasmen con la idea.

    Fincher debuta en la animación con Bad Traveling

    “Originalmente empezamos queriendo hacer esto con Ridley Scott, James Cameron, Zack Snyder, Gore Verbinski. Fui a muchos amigos míos y les pregunté: «¿Te gustaría hacer algo como esto?«, Y me dijeron: «¡Sí!» Pero la realidad es que la única forma en que este programa es asequible es si a las personas que lo hacen no les importa perder el dinero que podrían ganar haciendo otra cosa”.

    Pero tranquilo David, que si algo ya han dejado claro estos 35 cortos, es que seguramente pronto serán ellos los que te llamen a ti y suelten lo que haya que soltar de sus bolsillos. Y si no, Tim no se mortifica demasiado. Está claro que en tema de la animación para adultos, todavía hay mucho camino por recorrer.

    “A pesar de contar con casi todo el panteón de directores gigantes de Hollywood involucrados y sin un gran presupuesto, la gente aún no estaba dispuesta a correr el riesgo. Y ahora Netflix tienen mucha animación para adultos allí. Están apostando a esto, y eso solo engendra más fanáticos de la animación para adultos. Creo que la bola de nieve está rodando colina abajo de verdad y con firmeza ahora, aquí en occidente. Ha habido una avalancha en Asia desde hace un tiempo y apenas ahora nos estamos poniendo al día. Somos lentos”.

    Miller dirigió y escribió el guión de Swarm, basado en el relato del autor ciberpunk Bruce Sterling

  • Khruangbin, o el delicioso sonido del motor volador

    Khruangbin, o el delicioso sonido del motor volador

    “Hacer lo simple complicado es común; hacer lo complicado simple, increíblemente simple, eso es creatividad”

    Charles Mingus

    “Epa vale, que sabroso suena eso”, fue lo primero que pensé cuando a Spotify se le ocurrió que no me disgustaría escuchar Khruangbin después que se acabó lo que (no me acuerdo qué) escuchaba cuando por fin me decidí a meterle mano a la jungla en que se había convertido el patio.

    Sabrosito y juguetón, mucho groove, unos coros leves, bajo espeso y funky, guitarra psicodélica y una atmósfera que, por lo menos a mi, me llevó a desear estar en la hamaca meciéndome con un pie.

    ¿Voces?, ¿Para qué? La gran mayoría de las canciones de Khruangbin son instrumentales y es lo mejor que pudieron hacer.  “Siempre nos preguntamos cómo fuimos capaces de hacer este tipo de música y de tener la respuesta que tuvo. Es irreal lo que nos está pasando”,  expresó Mark Speer, guitarrista del trío de Houston, Texas.  

    Speer tocaba la guitarra en la Iglesia Metodista St. John de Rudy Rasmus en Houston, donde en 2004 conoció al ahora baterista de la banda, Donald Ray «DJ» Johnson Jr, en aquel entonces organista. En 2007, por intermedio de amigos en común entra en contacto con Laura Lee, con quien conectó de inmediato por el amor de ambos por la música afgana y el boogie iraní (cuya sabrosura cortaron de raíz los severos y aburridos ayatolás. Qué pecado).

    Thai Connection

    Un viaje frustrado a Latinoamérica puso a Laura y Mark en contacto con el funk psicodélico tailandés que tanto influyó en el sonido de Khruangbin. ¿Cómo es la vaina? Te cuento:

    Resulta que por problemas con las visas, se les cayó el plan y la aerolínea les dio 24 horas para decidir para dónde iban o perdían la plata.

    Fue así que enfilaron para Tailandia y en su recorrido por Bangkok, Cha-am y Chiang Mai, quedaron hechizados con la música de esos lares y empezaron a coleccionar cassettes de molan eléctrico (la versión enchufada de la música tradicional tailandesa), funk tai y demás hierbas sonoras.

    Laura en ese entonces era maestra de matemáticas y ni idea de tocar ningún instrumento. Fue con la guía de Speer que aprendió a tocar el bajo y juntos empezaron a darle forma a temas en los que destilaba su amor por los sonidos persas, afganos, tailandeses, así como del crisol cultural de Houston.

    Es esto lo que llega a oídos de Simon Green, productor y cerebro de Bonobo, quien sin mucho protocolo los invita a ser sus teloneros en su gira 2010 por Estados Unidos junto a Yppah, proyecto liderado por el genial Joe Corrales Jr.

    La cosa salió mejor de lo que esperaban y decidieron ponerle seriedad al asunto. Llamaron a DJ para que se encargara de la batería y empezaron a crear los primeros temas de lo que hoy es Khruangbin en un granero de Burton, un pueblo de 300 habitantes alejado del bullicioso Houston.

    El boom de la banda llegó cuando su tema A calf born in Winter fue uno de los favoritos del compilatorio Late Night Tales curado por Bonobo.  Iggy Pop y Anderson .Paak se convirtieron en confesos admiradores, salieron de gira con Massive Attack, Tycho, Leon Bridges, Father and John Misty y sus presentaciones en Coachella, Glastonbury, Bonnaroo, Desert Daze y South by Southwest fueron rotundos exitazos.

    Pero nada de divismo. Los pies siempre sobre la tierra, en especial la tierra texana. Burton sigue siendo el lugar donde nace la magia y donde han concebido sus cuatro discos, el último de ellos en 2020, titulado Mordechai.

    “Lo único diferente en este álbum es que grabamos el bajo, la guitarra y la batería en el granero —que es como siempre lo hacemos—, pero en realidad tuvimos tres meses entre esa sesión y cuando regresamos al estudio para grabar las voces o instrumentación adicional, cuando normalmente lo hemos hecho en una sentada”, relató Lee.

    …en pocas palabras…

    Voces sí, pero pocas. Si bien en Mordecai hay más que en los primeros tres discos, la esencia de la banda es instrumental. “No fue algo consciente, aunque nos parece muy divertido que con tres instrumentos podamos explorar y decir mucho”.

    “Lo que sí era seguro desde el vamos fue que no deseábamos tener cantantes: queríamos mantener un sonido limpio y lo más simple posible. Entonces nos dimos cuenta de que entre los tres podíamos ir metiendo algunas voces”, dijo Sprear.

    Ya sean palabras sueltas –como en First Class- o letras como tal, el camino que recorren hasta llegar a la canción no es nada ortodoxo. Todo nace en las libretas en las que Lee va escribiendo escenas, percepciones, especie de haikús de lo que ve y siente.

    “Yo pasaba las hojas cuando escuchábamos cada canción, y veía si había algunas palabras u oraciones que destacaran. Se las pasaba a Mark y DJ con cosas resaltadas, y entonces les dábamos forma de letras. Aun cuando comenzaron como mis palabras, dado que los tres cantamos juntos, las letras encajan con las perspectivas de todos. No puedo escribir una canción de amor personal y hacer que Mark cante eso. El sentimiento tiene que aplicarse a cada uno de nosotros. Si tiene sentido que Mark, DJ o yo las cantemos, entonces esperamos que resuenen en los demás”.

    “Tratamos de escribir letras que sean universales, pero que también sean lo bastante abiertas para que la gente pueda escribir sus propias historias en ellas. Es divertido y simple, pero también filosófico, lo cual es en verdad una combinación adorable”.

    ¿Khruan…qué?

    Lee estaba inmersa en sus clases de tailandés cuando días antes de una presentación les tocó decirle al organizador el nombre de la banda para incluirlo en el flyer.

    Escogió khruangbin (เครื่องบิน / aeroplano), la que en ese momento era su palabra tailandesa favorita y que literalmente significa “motor volador”. Admite que si hubiera sabido que tendrían tanto éxito, habría escogido una palabra menos difícil de pronunciar. “Es que me encantaba como sonaba”.

    Tranquila Laura, poco a poco aprenderemos.

  • Observa y aprende. Hay miles de Miyagis para ti, Daniel San

    Observa y aprende. Hay miles de Miyagis para ti, Daniel San

     “La ambición sin conocimiento es como un barco en tierra firme”

    Miyagi San

    La tecnología no anda pidiendo permiso para dejarte atrás si no te pones los patines y la acompañas. Ya no es suficiente pasarte de Hotmail a Gmail o aprender a hacer llamadas por Zoom. Sea lo que sea a lo que te dediques, si no estás al día y aprendes, te vas a quedar más frío que un Betamax.

    A su manera, Karate Kid nos lo advirtió -cuando todavía estaba de moda el Betamax. Cuando al flacucho Daniel San le daban una buena ración de puñetazos y patadas cortesía de los fortachones karatecas del dojo Cobra Kai, seguramente por su mente pasó: “¿Por qué (ouch) no aprendí karate?”.

    Por suerte, del cielo le cayó la ayuda del sabio maestro Miyagi, quien con muchos más años encima y menos agilidad, pero con más técnica e inteligencia, hizo caer como moscas a los fanfarrones disfrazados de esqueletos.

    Fue cuando Daniel San lo vio claro. “O aprendo o le digo a mi mamá que monte el café para el velorio”.

    Vi Karate Kid cuando tenía no más de 6 años. Por desgracia, lo que “aprendí” de ella fue la famosa patada voladora de la grulla (nunca le pegué a nadie en la trompa, aclaro) y que lijando y pintando se puede ensayar uno que otro golpe.

    Recién ahora rescato de ella su más valiosa enseñanza: Si no tienes ganas de aprender y un buen profesor, vas a pasar la vida llevando más golpes que Daniel San.

    Ahora, gracias a la cada vez más sci-fi  tecnología, hay miles de maestros Miyagi listos para enseñarme a ser un cinta negra en lo que yo quiera y ni siquiera me piden que les lije y pinte la casa (perdón por todos los spoilers si alguien todavía no la ha visto).

    Todos esos sensei los tenemos a 3 o 4 clicks y saben de lo que hablan. Entramos en el mundo de los cursos en línea, en el que hay prácticamente de todo y en buena medida, gratis.

    Se me van dejando de la excusa de que no tienen tiempo, que si llegan cansados del trabajo, que si es muy caro, que si no sé inglés, que si el wifi, lalalala.

    Hagan la prueba sin mucho misterio: Entren a digitaldefynd.com y en el buscador pongan Cursos en español. Les van a aparecer más de 800 cursos de muy diversas áreas. ¿Marketing?, ¿informática?, ¿jardinería?, ¿nutrición? Te los tengo.

    Digitaldefynd es una especie de Google de cursos en línea y te enlaza literalmente con miles de ellos.

    Invierte y aprende

    Dejemos algo claro de una vez: si bien hay muchísimos que son gratis, algunos sí hay que pagarlos o te cobran si optas por solicitar la certificación. Pero no arrugues la cara, no son caros, o en todo caso, no vas a tener que vender ninguna parte de tu cuerpo para pagarlos.

    Por ejemplo, los de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) no pasan de $20, los del MIT, el famoso Massachusetts Institute of Technology, oscilan entre los $20 y $40 y los de Harvard -sí papi, Harvard- pueden llegar a $100. Pero ojo, en los de estos dos últimos, puedes cursarlos gratis. Algo así tipo “pasaba por aquí, me metí en el salón, vi la clase, aprendí y me fui”. Después, si quieres, pagas por tu diploma.

    LinkedIn no solo sirve para encontrar trabajo. En su apartado Learning, ofrece muy buenos cursos en un formato bien fácil de digerir, divididos en videos de entre 2 y 6 minutos. Esto es ideal si por ejemplo quieres ir viendo el curso en el autobús, o mientras esperas que te atienda el odontólogo. Así que dile adiós a esas arrugadas revistas del 2005 y ponte a aprender.

    Ajá, ¿y si no sé inglés? Deja los nervios. Muchos están subtitulados o tienen la transcripción disponible que puedes descargar y traducir, aunque si ya estamos en la onda de aprender ¡también hay cursos de inglés!, así que no se diga más.

    Bueno Daniel San, espero que pronto tengas tu cinta negra y empieces a ponerle trofeos a esa repisa. El conocimiento no ocupa espacio, es bajo en calorías y si algo puede hacer engordar, es la cifra de lo que puedes empezar a ganar.

    Aquí les dejo varios links para que pongan el cerebro en modo Turbo:

    Digitaldefynd: La gran Matrix de los cursos. Este sitio reúne varios portales que crean o gestionan cursos en todo el mundo. Casi nada se le escapa, así que es el mejor lugar para empezar a busca. https://bit.ly/3qBdDsI

    Aprende a usar LinkedIn Learning. La red social para ofrecer o buscar empleo ofrece muy buenos cursos que luego puedes agregar como un plus a tu CV. En base a los trabajos a los que optas, te ofrece los cursos que más te ayudarían a que esa chamba sea tuya. https://bit.ly/3JzCIeN

    Fotografía para celulares: Es ideal para crear fotos geniales sin necesidad de una cámara profesional. Trucos de iluminación, encuadre, composición que te harán querer más a tu teléfono. Mandado a hacer si estás emprendiendo y necesitas fotos serias de tu producto o servicio. https://bit.ly/3ufOapG

    Diseña como un pro (así no sepas NADA): Si alguien merece un premio son los creadores de Canva. Te permite hacer diseños con increíble calidad con una facilidad que casi parece un hechizo digno de Gandalf. Este curso te da la llave para sacarle todavía más el jugo a esta app. Créalo. https://bit.ly/3Ndyk7J

    ABC para emprendedores: Dos profesores del MIT te enseñan lo fundamental para que tu emprendimiento dé en el clavo, te enfoques en lo importante, le des a los clientes justo lo que quieren y… hagas plata. Dato: uno de los profes es CEO de par de tecnológicas y en su cuenta hay muchos, muchos ceros. https://bit.ly/3qv6rOH

    Programación para Dummys: A todos nos suena a chino mandarín con arameo antiguo, pero la programación es la base de TODO lo que tiene que ver con computadoras, así que si tienes agarrado el celular, tienes el trabajo de miles de programadores en tu mano. ¿Fantaseas con crear una app que a nadie se le ha ocurrido? ¿Tu idea es mejor que la de Mark Zuckerberg y su famoso Facebook? No se diga más. Aprende a programar con Python y ponte en el carril para desarrollarla. https://bit.ly/3qvWJvs

    Ninja de Excel: Ok, desde bachillerato sabes hacer la hojita básica, agregarle casillas para que sume, reste y cero mata cero, etc, pero este señor te enseña funciones avanzadas, crear fórmulas complejas con mucha facilidad, tableros interactivos y otros meneos alucinantes. https://bit.ly/3wBpL0u

  • Moon Hooch o cómo prender el saoco en el Metro

    Moon Hooch o cómo prender el saoco en el Metro

    «En ningún momento hay fin. Siempre hay que imaginar nuevos sonidos, nuevos sentimientos que transmitir».

    John Coltrane

    Cuando el andén de la estación Bedford Avenue del Metro de Nueva York comenzó a llenarse de “pasajeros” que no se subían a ninguno de los trenes, la policía sospechó que algo raro estaba pasando. Cuando en lugar de “pasajeros” lo que había en su mayoría era gente bailando y saltando, tuvo claro que algo muy raro estaba pasando.

    Los culpables eran tres estudiantes de The New School for Jazz and Contemporary Music, que con par de saxofones y una batería hacían que muchos se olvidaran que estaban en esa vieja estación de Brooklyn para ir a otro lado.

    La policía les prohibió tocar de nuevo en Bedford -por aquello del peligro que un dancer cayera a las vías del tren-, pero espacios fue lo que menos le faltó a Moon Hooch para tocar su dubstep acústico, tomando la cadencia de la música electrónica sin usar ni un vatio.

    Esto no es como la hamburguesa de soya, o las salchichas de algas. Aquí no se sustituye la “carne” de la electrónica por un insípido pasticho de encopetados instrumentos. Esto es adrenalina, beat y saoco para bailar desde que arranca.

    Los saxofonistas Wenzl McGowen y Michael Wilbur, y el baterista James Muschler se conocieron en la New School y eran 3 de los 11 músicos que llegaron a vivir juntos en una casa en Brooklyn por allá en 2010.


    “Tocando con todos y en todo tipo de combinaciones, de alguna manera se formó este trío, empezamos a tocar en las estaciones de Metro y a la gente le gustó”, explicó McGowen poco antes de armar un clarinete contrabajo de 100 años que según cuenta estuvo décadas llevando polvo en un depósito “y ahora lo tocamos frente a miles de personas”.


    Todo el meneo que armaron tanto en Bedford como en otras estaciones les creó una buena cantidad de fanáticos, pero la terminaron de partir en mil pedazos cuando se viralizaron sus videos. Mi favorito es el en que asustan a un rebaño de vacas cuando empiezan a tocar en la ahora celebre Polyface Farm. Lo mejor es ver como luego las más rumberas regresan a ver qué es lo que es.

    Para hacerles el cuento corto, ya suman cinco discos, sin contar dos en vivo y par de Eps, los conciertos de sus giras tanto en EEUU como en Europa son alto descargue y lo mismo da si tienen en frente a 20.000 personas o se lanzan otro toque en el metro como en los viejos tiempos.

    “Lo que hacemos lo llamamos cave music porque es house music, pero con instrumentos”, explicó Wilbur. “Es mucho más primitivo. Es música de cueva”.

  • La biblioteca secreta o cómo aprendí a confiar en los robots

    La biblioteca secreta o cómo aprendí a confiar en los robots

    “Físicamente, y hasta cierto punto mentalmente, un robot, cualquier robot, es superior a un ser humano. ¿Qué lo hace esclavo, entonces?”

    Isaac Asimov

    Confieso que todavía no se me da demasiado bien lo de leer libros en la computadora. En el celular nunca lo había intentado y tablet no tengo, así que ni idea de si su forma, más parecida a una página, facilite y haga “el trabajo” para quienes todavía nos cae el libro en la cara cuando nos quedamos dormidos.

    Fue la semana pasada cuando mi novia me dijo: “Flaco, mira”, mientras me mostraba un video de Tik Tok de otro flaco asegurando que en Telegram estaban “todos los libros del mundo” (sic).

    Más por contradecirlo que por otra cosa, seguí las instrucciones para encontrar esta prometida maravilla tecnoliteraria. “Ajá, entro a Telegram, voy a la lupita (buscador), escribo Biblioteca Secreta y listo. ¿Listo?”.

    Al llegar a este punto, te da la bienvenida un bot, especie de “entidad” robótica que durante años odié con locura por generar spam, crear tendencias falsas en Twitter y básicamente joder la paciencia en todas las redes y plataformas habidas y por haber del mundo.

    Me entero que existen bots buenos y en el contexto Telegram son una especie de ayudante que te explica o facilita a operar cierta aplicación. También me entero que se le llama bot a todas estas apps que aparecen en Telegram, pero en fin… “Hola bot, vamos a hablar tú y yo. ¿Qué libros tienes ahí?”.

    Confieso que me cayó bien de una este bot, cuya foto de perfil lo muestra como una especie de tableta Kindle, y ataviado un combo pirata que incluye sombrero con calavera, pata de palo, parche en el ojo, espada curva y grito de guerra (en este caso el universal y enojado “Argg”).

    Palabras más, palabras menos, te deja claro que lo único que hay que hacer es escribir el nombre del autor o el título del libro y él recorrerá las infinitas estanterías de la biblioteca para que te pongas a leer y hagas algo bueno con tu teléfono.

    Obviamente no están “todos los libros del mundo”, como optimistamente aseguraba el tik toker, pero lo que encontré no está nada mal.

    Arranqué buscando Borges y fue poco lo que encontré. Luego intenté con Cortázar -sí, ya sé, par de argentinos seguidos, que original soy-, pero aquí la cosa se puso interesante. Más de 20 libros y en el caso de Rayuela, tres ediciones distintas.

    “Bueno, bueno Bot, vamos a ver qué más tienes por ahí”, pensé entre retador, odioso y sorprendido, así que le lancé una recta a 99 millas. David Foster Wallace. Me mostró un libro de entrevistas al fallecido ¿neoyorquino?, recopilado por Stephen J. Burn, más difícil de encontrar que uno del propio DFW.

    Se me prendió el bombillo y empecé a buscar por títulos y me convencí de que sería bueno estar siempre prevenido y usar pañales por si algo te sorprende más de lo que debería. Pues sí, encontré La broma infinita, hablemos de langostas, El rey pálido… El bot respondió a mi recta con un jonrón de 4 carreras en el noveno.

    Intenté con Thomas Pynchon y apareció de todo. Alessandro Baricco, Chuck Palahniuk, en fin. No son todos los del mundo, pero hay para que se te gaste la pila del celular 34 millones de veces.

    Regreso al mensaje con el que me dio la bienvenida el bot pirata y veo que me había advertido que guardaba una que otra cosita por ahí. “Charla conmigo y descubre cómo ¡tengo más de 95.000 libros!”.

    Lindo número, pero en época de falsas o engañosas promesas, pensé que sería algo tipo: “tengo 95.000 libros: los 30.254 de Paolo Coelho, 15.000 versiones de Padre Rico, Padre Pobre, una Iliada, El Quijote y chao”.

    Esto me deja una hermosa enseñanza. Confíen en los robots, aunque usen parche y les falte una pierna.

    La ñapa:

    *Bot me cuenta que por temas de copyright, suele cambiar de ubicación. Pero tranqui, te la pone fácil si le das click a http://bookbot.freeddns.org

    *Tiene también una versión en inglés y otra en catalán.

    *Libros Libres es otro bot que vale la pena visitar. Publica casi a diario entre uno y dos títulos, que van desde clásicos (La divina comedia, el Almuerzo desnudo, de Burroughs, etc), sagas como la de Milenium de Stieg Larsson, psicología, filosofía y hasta teoría literaria (tiene una buena provisión de Roland Barthes).

    Pilla el video para llegar a la biblioteca secreta

  • SAULT. Ojos que no ven, corazón que sí siente

    SAULT. Ojos que no ven, corazón que sí siente

    «Algunas personas solo quieren hacer su arte en silencio y no quieren entrevistas o sesiones de fotos, y eso es genial. La música significa algo diferente para todos, así que tienes que respetarlo»

    Little Simz

    Renunciar a la exposición mediática no es nada común en estos tiempos de redes sociales. Que lo haga un grupo con cinco discos en dos años y una nominación al premio Mercury es casi una alucinación.

    «Es la música lo que importa», parece gritar este proyecto británico del que casi nada se sabe, más allá de haberse convertido en una potente voz de las protestas contra el racismo y defensa de los derechos de las minorías.

    No hay fotos, no hay conciertos, no hay entrevistas ni mayores explicaciones y salvo algunos nombres filtrados, lo que te pide SAULT -en rotundas mayúsculas- es que escuches, disfrutes, pero también pienses.

    Desde su álbum debut salido en 2019 y simplemente titulado 5, hasta el ya desaparecido 9 (ya te explico), SAULT no da señales de cansancio ni monotonía. Pese a sus apenas tres años en la pista, muestra una evolución que bandas con varios lustros a cuestas no logran y ya no lograrán.

    Usando oscuras texturas, voces impecables, un brillante matrimonio bajo/percusión y mucha maña, sus cinco discos están impregnados de una paleta de ritmos que no teme pasar del funk y soul más espeso, al postpunk o a un futurista afrobeat.

    Lo que me encanta de SAULT es la imposibilidad de ponerle alguna etiqueta y con cada disco que saca complica más cualquier intento de lograrlo.

    Y si de poner «complicada» la cosa se trata, su último trabajo, titulado 9, solo estuvo disponible para la descarga gratis en su sitio web y en las plataformas de streaming por 99 días: Desde el viernes 25 de junio hasta el sábado 2 de octubre. Seguir el patrón no es lo que mueve a estos ingleses, quienes insistentemente dejan claro que no están aquí solo para hacer canciones.

    A propósito del lanzamiento de Untitled (Black Is) el 19 de junio de 2020, día en que se conmemora la abolición de la esclavitud en EEUU, escribieron una suerte de manifiesto en su poco utilizada cuenta de Twitter:

    Presentamos nuestro primer disco sin título en un momento en el que nosotros, como personas negras o de origen negro, estamos luchando por nuestras vidas. DEP George Floyd y todos aquellos que han sufrido la brutalidad policial y el racismo sistémico. El cambio está sucediendo… Estamos centrados”.

    La magia de «the young Quincy»

    Una de las pocas cosas que se sabe de SAULT es que el padre de la criatura es el productor Dean Josiah Cover, mejor conocido como Inflo, del que solo se hay dos borrosas fotos y la certeza de que es dueño de un monstruoso talento.

    Bautizado por el líder de The Kooks, Luke Pritchard, como «una especie de joven Quincy Jones», Inflo ganó en 2021 el Productor del Año en los BRIT Awards, convirtiéndose en el primer negro en lograrlo. «Me siento honrado por ser parte del cambio», expresó en un comunicado, ya que como es obvio, no asistió a la ceremonia.

    El premio estuvo más que merecido. Inflo estuvo detrás del disco de Michael Kiwanuka que se llevó el Premio Mercury en 2020 y del aclamado Sometimes I Might Be Introvert de Little Simz. Ah, también produjo tres de los temas de 30, el último disco de Adele. Detallazo.

    Para su enigmático proyecto decidió llamar a Kiwanuka y Little Simz para ponerle voz a algunos temas, así como a la cantante de soul Cleo Sol, la rapera norteamericana Kid Sister y el tecladista Kadeem Clarke, aunque salvo los dos primeros, ninguno aparece en los créditos de los discos. De los demás involucrados solo tenemos lo más importante: la música y el saoco, así que a darle Play.

    Discografía

    5 (2019)
    7 (2019)
    Untitled (Black Is) (2020)
    Untitled (Rise) (2020)
    Nine (2021)

    El playlisto SAULT

  • Si es bueno, tiene saoco

    Si es bueno, tiene saoco

    “Escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura”

    Frank Zappa

    Dime si no te ha pasado: De repente, sin previo aviso, llega a ti una canción que no pide permiso para volarte la cabeza. No sabes de quien es, es posible que ni conozcas el estilo (el famoso estilo), ni el idioma, pero ahí está, poniendo en tu cara esa (estúpida) sonrisa que no te puedes quitar por un buen rato.  

    La pieza te patea -dulce o implacablemente, pero te patea igual- y se produce uno de los mayores placeres de la vida: el disfrute en estado puro de la música.

    Damas y caballeros, he aquí el efecto saoco. Maelo definía así la sabrosura de su ritmo, Celia Cruz se lo pedía a la tumbadora (y asarorí en el omelé), era lo que salía a borbotones del timbal de Orlando Marin y para hacerles el cuento corto, saoco es la alegría, el sabor y lo bueno de la música.

    Así como siento el desborde de saoco de la música de Oscar D’León, me abruma el de Fela Kuti, el de Joy Division, Jean Sibelius, Burning Spear… Si te gusta, si te arrebata (en cualquiera de sus sentidos), tiene saoco. No importa el género, estilo, etiqueta o como quieras llamarlo. ¿Portishead tiene saoco? Tiene, y bastante.

    Seguramente en alemán hay una palabra de 34 letras para definir lo mismo (como la infame Nahrungsmittelunverträglichkeit o indigestión por comer demasiado). Pero me parece que saoco, término nacido en África y que llegó a América de la mano de los tambores batá y los rituales yoruba, es el que cuadra como anillo al dedo y suena más sabroso.  

    Este espacio nace para compartir y celebrar la buena música, el buen cine, los buenos libros y todo lo que tenga saoco, porque si es bueno, tiene saoco.

    El playlisto son

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